El 7 de mayo de 2014, con motivo de mi participación en el IX Itinerario de Narración Oral "Cuentos Eróticos por los Rincones", me hicieron esta breve entrevista para la web Isla de Lecturas. Aquí puedes leerla en su web.
¿Puede indicarme cuántos y cuáles son los títulos de algunos de los cuentos que empleará durante su intervención en la sesión de Cuentos Eróticos?
Estoy valorando distintas posibilidades, pero, en cualquier caso, serán cuentos populares. Puede que cuente sólo uno o dos cuentos: me encantan los cuentos largos. Como en las últimas ediciones conté cuentos de tradición árabe, es posible que para esta ocasión vuelva a recuperar algún cuento de la tradición europea recogido en el siglo XIII o XIV. Todavía no lo he decidido.
¿Qué ingredientes no deben faltar a su juicio en un cuento de perfil erótico?
En los textos tradicionales de este tipo no suele faltar el humor, la crítica y, claro está, una buena dosis de carnalidad y de celebración de los días.
¿Se ha ruborizado en alguna ocasión al contar un cuento erótico o sentido como si estuviera desnudo ante el público?
Siempre que cuentas estás desnudo ante el público: nada tapa a la palabra dicha que nos muestra tal como somos, no hay escapatoria. En el caso del cuento erótico es una doble desnudez, pues muestra lo que eres por dentro y por fuera, ya que cuentas desde la propia experiencia, la propia piel. Así las cosas, para mí esto no es una cuestión de vergüenza o rubor, sino que se trata de compartir la fiesta y la alegría de la carne, de la risa.
¿A qué atribuye más poder de seducción en un cuento erótico, a la imagen que se formula el escuchante en su mente o a la capacidad misma de la palabra para activar el imaginario?
El cuento alimenta una ficción que crece de dentro hacia afuera, la palabra invita a que el oyente elabore su propia imagen de lo contado: por eso la palabra dicha es tan potente y seduce de manera tan intensa, porque acomoda la historia que se cuenta a la propia experiencia de quien escucha. Y en el caso de la experiencia erótica, tan íntima, tan secreta, el cuento se convierte en una suerte de liberación, de experimentación y juego que no pone en riesgo a las emociones.
La fuente de inspiración de esos cuentos de dónde se extrae o en dónde se encuentra en su caso.
Como os he dicho en la primera pregunta, todos los cuentos picantes, eróticos, vergonzantes, obscenos, procaces... que cuento, son de tradiciones y culturas diversas. En ningún caso cuento cuentos de autor, aunque hay un pequeño texto de Cortázar y un cuento de Anaïs Nin que me rondan hace unos meses. Pero todavía no ha sido el momento de darles aliento.
¿Cuál es a su juicio el valor de la palabra y la narración oral en el contexto de esta sociedad hipertecnificada?
Son muchos los valores que podemos asignar al cuento contado, más en estos días: la palabra dicha nos recuerda qué somos, la necesidad que tenemos de contar y contarnos, de pensarnos, de ser en el grupo y de participar activamente (contando, escuchando) en lo que nos sucede; el cuento contado es voz ancestral que nos conoce y tiene respuestas (y preguntas, muchas) ante las inquietudes de los días; la palabra dicha nos mira a los ojos y nos invita a reconocernos.
¿De qué nos salvarán las palabras?
De los silencios y, sobre todo, de sus vacíos.
En febrero de 2014 me hicieron esta entrevista para la web del ClubKirico. Puedes leerla directamente en su web aquí.
Pep Bruno tiene una presencia rotunda y una voz envolvente. Lo necesario para ser un cuentacuentos…. además de manejar infinitos registros tonales, muchas miradas, variados repertorios y más de veinte años de experiencias en ferias, plazas y teatros… del lado de acá y del de allá. Pep Bruno es incansable: cuenta, escribe, da clases, trabaja por dignificar el oficicio de contar, habla en la radio, viaja y lee mucho, mucho. Y una de las cosas que más nos gusta (además de sus cuentos eróticos) es su compromiso social con “lo que pasa en la calle” cada día, con lo que no son cuentos, con la vida de las personas que le escuchan y se embelesan cuando mueve las manos y les mira a los ojos y dice: “Pues érase una vez…”
Kirico: ¿Tienes una librería favorita a la que visitas con frecuencia?
Pep Bruno: En Guadalajara voy habitualmente a dos librerías: La ballena de los cuentos, especializada en literatura infantil y juvenil, y Librería Lua, con un fondo más amplio y diversificado. Pero suelo disfrutar de muchas y buenas pequeñas grandes librerías por toda España pues este oficio mío de contar cuentos no deja de llevarme de un lugar a otro.
Kirico: ¿Qué tienen estas librerías de especial?
Pep Bruno: En ambas encuentro buenos fondos, novedades interesantes, curiosidades apetitosas y unos libreros estupendos. Me gusta también el tiempo demorado que suelo pasar curioseando entre sus anaqueles, es como un paréntesis frente a la velocidad de los días.
Kirico: ¿Qué le pides a un buen librero o librera?
Pep Bruno: Creo que es fundamental que ame leer, sólo así se puede transmitir la pasión por los libros, y sobre todo pienso que leyendo se encuentran las señales que llevan hasta el tesoro escondido en el bosque de las novedades editoriales.Creo también que un buen librero ha de saber escuchar porque de esa manera sabrá qué andamos buscando y podrá orientar nuestros pasos hacia nuestra lectura.
Kirico: ¿Compras libros en otros lugares que no sean una librería? ¿Dónde? ¿Por qué?
Pep Bruno: No. Compro siempre en librerías, y casi siempre en librerías pequeñas. Necesito sentir que esto que ocurre cuando busco y compro un libro está más cercano al ámbito de la cultura y de la experiencia vital que al del mercado.Sólo cuando busco libros agotados o raros compro a través de internet, pero igualmente en estas ocasiones suelo acabar buscando en los fondos en red de pequeñas librerías de segunda mano.
Kirico: ¿Qué echas de menos en las librerías?
Pep Bruno: A veces echo de menos más tiempo para seguir curioseando. Sobre todo cuando son librerías con las que me he tropezado en alguna ciudad en la que estoy de paso y, desde los primeros títulos, siento que hay una selección y un orden que muestran la maravilla. En esos casos todo el tiempo resulta poco.
Kirico: Recomiéndanos un libro que descubrieras en una librería
Pep Bruno: Encontré como por casualidad la “Antología negra” de Blaise Cendrars, traducida por Manuel Azaña y publicada por Árdora, en una tarde demorada de curioseo en una pequeña librería. Un tesorillo de mi biblioteca.
Me llamo… Pep Bruno
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como... cuentista.
Me gusta leer porque… me alimenta.
Cuando tenía doce años quería ser… escritor, explorador, bombero.
Hoy soy… narrador oral, escritor y, sobre todo, lector.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… lo mío es puro vicio.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así… preparar desayunos, llevar a los niños al cole, hacer la compra, tender la colada, cocinar, hacer kilómetros, contar cuentos, más kilómetros, leer, cocinar, leer, llevar a los niños a natación, leer, amar, más kilómetros, contar, leer, escribir, amar...
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… me encontré leyendo un libro que me estaba contando.
Y lo peor… una noche que me dormí conduciendo cuando volvía de una sesión de cuentos.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… esa preguntita que se repite de vez en cuando ¿pero de verdad vives de contar cuentos?
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… mmm, todavía no me ha pasado, pero a veces me agota tener que repetir las mismas cosas: los niños en sillas, la máquina del café no puede moler grano mientras cuento, la puerta no puede estar detrás del cuentista, necesito luz de sala en el teatro...
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… contar. Contar cuentos a un público que viene a escuchar es absolutamente maravilloso, edificar juntos las historias, emocionarnos con las palabras, mirarnos a los ojos, respirar el mismo cuento... es fantástico.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… uy, de esos tengo muchos, por ejemplo esas sesiones con adolescentes reticentes que entran a regañadientes y luego no dejan de pedir que vayas a contar año tras año.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… pasear, nadar, ver cine, escribir. Y sobre todo leer. Siempre ando a la busca de nuevas buenas historias.
Así es como veo el futuro de mi profesión… frágil pero imprescindible: el ser humano se alimenta de ficción y los cuentos son su mejor plato. Son imprescindibles.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… paseando, nadando, viendo cine, leyendo, viajando (¡por placer!), contando, escribiendo... uy, creo que prácticamente igual que ahora.
El último libro que he leído ha sido… El novelista ingenuo y el sentimental, de Orhan Pamuk, en Mondadori.
Y lo conseguí en… una de las dos librerías en las que compro habitualmente, que son LUA y La ballena de los cuentos, en Guadalajara.
Y el primero que recuerdo que leí fue… ufff, muchos cómics de Tintín, Astérix, Mortadelo y Filemón, libros álbum... y El zoo de Pitus, de Sebastià Sorribas.
En mi mesilla tengo ahora para leer… estoy leyendo Diarios de las estrellas, de Stanislaw Lem, ¡fantástico!
Me gustaría añadir que… a pesar de que los libros, los cuentos y la ficción siempre me resultan tierras de felicidad, no hay nada mejor que abrazar a los míos.
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