La Comisión Internacional de APACC, l'Association Professionnelle des Artistes Conteurs et ConteusesAPACC, l'Association Professionnelle des Artistes Conteurs et Conteuses, está recabando información de la situación de la narración oral en otros países, para ello encarga a algún profesional del lugar que escriba un artículo (respondiendo a algunas pautas concretas) para publicar en La Grande Oreille, La Revue des Arts de la Parole et du Récit, sobre esta cuestión. Con este motivo me encargaron a finales de 2024 que escribiera un texto hablando de la situación de la narración oral en nuestro país y, tras recortes varios y traducciones, se publicó finalmente en marzo de 2026. La traducción al francés fue de Pepito Mateo, menudo lujo.
Por cierto, me pidieron que eligiera un animal para representar a nuestro país y elegí el lince ibérico, un animal endémico de la Península Ibérica, que estuvo a punto de extinguirse pero que, tras esfuerzos y voluntades de muchas personas, acabó volviendo a campar por estas tierras, una imagen similar a la de la narración oral en nuestro país, ¿no os parece?
Aquí debajo tenéis la versión que envié y, más abajo, la versión publicada en francés.

Panorama de la narración oral profesional en España
España, situada en el suroeste de Europa, es un país de una variedad y riqueza cultural extraordinarias, debida tanto a su privilegiada ubicación (cercanía al norte de África, pertenencia al ámbito mediterráneo, puente natural hacia América) como a la compleja y variada historia que la ha conformado (celtas, íberos, tartesos, romanos, árabes, etc.) y de la que ha sido protagonista.
Los cuentos tradicionales del ámbito hispánico reúnen, además de los propios de los áreas lingüísticas del español (en España y en toda América), del catalán, del gallego y del euskera, las colecciones de cuentos sefarditas. Por la cercanía y la historia común, muchas de las particularidades de estos cuentos del ámbito hispánico están muy próximas a las del ámbito portugués, sur del Mediterráneo y, también, a la cultura árabe y judía.
Artículo escrito para el libro La educación literaria que necesitamos. Conversaciones, coord. por Luis Arizaleta, y en el que participamos, además del propio Luis, los siguientes autores y autoras: Seve Calleja, Piluka Labayen, Juan Mata, Juan Kruz Igerabide, Ana G. Lartitegui, Antonio R. Almodóvar, Sergio Lairla, Cristina Gálvez, Xaviera Torres, Estrella Borrego, Alejandro Pedregosa y Pep Bruno. El libro se puede descargar gratuitamente desde el 21 de marzo de 2025 en este enlace.
ALGO TAN VIEJO, ALGO TAN NUEVO
Pep Bruno
El fiel compañero del ser humano
¿Cuándo empezamos a hablar, a pensar, a imaginar? Parece ser que hace entre 200.000 y 80.000 años, es decir, que en algún momento de esa amplia horquilla de tiempo, los seres humanos desarrollamos el lenguaje complejo, la autoconsciencia (ese monólogo interior que nos acompaña a lo largo de la vida) y la capacidad de hablar de algo que no está aquí y ahora (y, por ende, de ficcionalizar, de ser capaces de visualizar o imaginar cosas que no están presentes). Es posible que estas tres habilidades se fueran articulando y reforzando a un mismo tiempo, puesto que cada una de ellas sumaba para el desarrollo de las otras.
A lo largo del tiempo estas tres capacidades quedaron consolidadas y fueron musculándose, durante miles de años y cientos de generaciones, contando y escuchando historias en una especie de círculo virtuoso en el que el ser humano ha ido haciendo, perfilando, depurando al cuento que, al mismo tiempo, ha ido reforzando esas capacidades humanas tan propias; un círculo virtuoso del tipo: el cuento ha hecho al ser humano que ha hecho al cuento que ha hecho al ser humano que ha hecho al cuento que ha… Sí, hasta tal punto esto ha sido así que podemos decir que contar y escuchar cuentos nos ha hecho humanos. Y no sólo porque contar y escuchar cuentos sea un rasgo diferencial con respecto al resto de compañeros de viaje en este planeta, ni tampoco porque contar y escuchar historias haya cultivado unas habilidades que nos permiten una cantidad enorme de posibilidades (pensar, prever, comunicarnos, etc.). Se trata de algo incluso más profundo: que el cuento haya estado presente, muy presente, a lo largo de miles de años ha tenido repercusiones esenciales, es como si el cuento estuviera imbricado en nuestro propio ADN. De esta manera se explica, por ejemplo, que las estructuras narrativas son similares a los esquemas mentales, es decir: el pensamiento, las ideas, las teorías científicas, los recuerdos… todo tiene estructura narrativa, todo encaja en la estructura de un cuento. Incluso cuando desconectamos para descansar esas estructuras se hacen presentes en los sueños. Es más, hasta tal punto es relevante que incluso la propia identidad no es otra cosa que el cuento que nos contamos de nosotros mismos, y como cuento oral, permite variaciones (incluso contradictorias) a lo largo del tiempo sin plantear ningún problema.
Este artículo se publicó en el Boletín n.º 106 – "Abran juego, narradoras/es" de AEDA, en diciembre de 2025. El boletín fue coordinado por Elena Revuelta y contó con artículos de Estrella Ortiz, Diego G. Reinfeld, Rubén Martínez y Pep Bruno. Podéis acceder al mismo en este enlace.
EL CUENTO CONTADO COMO ESPACIO DE JUEGO
Pep Bruno
El historiador Johan Huizinga escribió en 1954 Homo ludens, un ensayo sobre lo lúdico y su sentido fundamental en la vida humana, fundamental tanto por su presencia habitual en el día a día como por su papel en la génesis y el desarrollo de la cultura humana. El juego forma parte del comportamiento y de la cultura de todos los grupos humanos, es inherente al ser humano y está presente a lo largo de toda la vida.
En el décimo capítulo del libro el historiador neerlandés diferencia entre las artes “músicas” (de Musas, que reunirían las artes sin utilidad práctica, como el canto, la poesía, la epopeya…) y las artes plásticas (lo útil y serio, como la arquitectura, la pintura, la escultura, etc.). Estas artes “músicas” suceden en el encuentro, en la celebración, en la fiesta, en lo que no es “útil”, y es allí donde “el hombre poetiza porque tiene que jugar en colectividad” (Huizinga, Homo ludens, p. 169). Puesto que “la diferencia profunda entre las artes “músicas” y las plásticas se debe, grosso modo, a la aparente ausencia de lo lúdico en las artes plásticas por oposición a la destacada cualidad lúdica de las “músicas”. No es menester indagar la causa particular de esta oposición. En las artes “músicas” la realización estética consiste en la ejecución. La obra de arte ha sido concebida antes, ensayada o escrita, pero cobra vida con la ejecución, con la audición (…) El arte “músico” es acción y se disfruta renovadamente como acción en cada ejecución” (Huizinga, Homo ludens, pp. 195-6).
Contar historias de viva voz, por lo tanto, contendría en su propia esencia un carácter lúdico. Por eso el momento de contar y escuchar historias es un tiempo también de juego en comunidad y, al mismo tiempo, una manera de resistencia ante una sociedad cada vez más seria: “La cultura, en total, se hace más seria, la ley y la guerra, la economía, la técnica y los conocimientos, parecen perder su contacto con el juego” (Huizinga, Homo ludens, p. 159).
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