Artículo escrito para el Boletín n.º 32 de AEDA que coordinó Almudena Francés y que reflexionaba sobre los márgenes de los cuentos y cómo los cuentos servían para acercarnos.
En muchos cuentos tradicionales es fácil encontrarse con dos elementos (de vital importancia para el ser humano) asumiendo gran protagonismo (de manera central o periférica) en la trama de la historia. Estos dos asuntos no son otros que la comida (imprescindible para la pervivencia del individuo) y el sexo (imprescindible para la pervivencia de la especie). La necesidad de comida y sexo son dos pulsiones que están incluidas en la base de la pirámide de las necesidades humanas que diseñó el psicólogo americano Abraham Maslow; ambas comparten muchas características pero, de entre todas ellas, querría señalar una: ambas pueden resultar extremadamente placenteras.
Comer para sobrevivir y tener sexo para perpetuarse han devenido en goce. El placer de una buena comida y el disfrute del buen sexo ungen de un carácter festivo algo que, en principio, debería ser una mera tarea, un puro trámite para la subsistencia.
Este asunto del goce ha hecho que quienes se consideran investidos por el dogma y se piensan con la capacidad de legislar sobre lo que (ellos creen que) está bien o está mal hayan fijado su atención en estas cuestiones pues, todo lo que resulta un placer para la carne, parece contravenir la idea del valle de lágrimas y, sobre todo, parece lastrar los placeres espirituales (que no espirituosos) que son, supuestamente, más puros y elevados.
Artículo escrito para la Revista N de ANIN, Associació de Narradores i Narradors.
Los inicios
Por cuestiones que serían largas de contar, en 1992 se dio una peculiar coincidencia en Guadalajara que acabaría por alumbrar el Maratón de Cuentos: la directora de la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara, Blanca Calvo, fue también alcaldesa de la ciudad. Como gobernaba en minoría (los tres concejales de Izquierda Unida eran todo el equipo de gobierno, mientras que los diez del PSOE y los doce del PP eran la oposición) no podía aprobar nuevos presupuestos (pero sí prorrogar los del año anterior). Esta alcaldesa bibliotecaria no comprendía que en Guadalajara no se celebrara el Día del Libro ni hubiera una Feria del Libro y quiso organizar algo (sin poder presupuestar nada). Fue de esta manera cuando una tarde de conversación con dos buenas amigas suyas Eva Ortiz (bibliotecaria de Azuqueca de Henares) y Estrella Ortiz (decana de esta nueva hornada de cuentistas que iban apareciendo), surgió la idea de un Maratón de Cuentos, una Fiesta de la Palabra que costara muy poco dinero y que se sustentara en la participación de las gentes de la ciudad, los grupos de teatro, artistas, escritores, asociaciones... Para que tuviera más repercusión se preguntó al Guinness cuánto tiempo debía durar para entrar a formar parte del Libro de los Récords, y como la respuesta fue de 24 horas el primer Maratón de cuentos se propuso durar eso. En este primer Maratón se permitió leer pero, visto que era una rémora para el feliz desarrollo del mismo, en la siguiente edición esto ya no sucedió (y así continúa hasta nuestros días). [Más información sobre el origen del Maratón de los Cuentos de Guadalajara]
Artículo publicado en la revista LEO, del colectivo de Librerías Independientes L. Gracias a los amigos de A Mano Cultura por pedirme que colaborara en este número. (23 de abril de 2015)
Señoras madres y señores padres, profesorado todo, amigos y amigas que lleváis a vuestras criaturas a escuchar cuentos a alguna biblioteca, centro cultural, librería, teatro, feria del libro, escuela, etc., el presente y breve artículo es para recordaros que los cuentistas no somos los encargados de enseñar a escuchar a vuestros hijos, alumnas, nietos... no, nosotros nos limitamos a contar cuentos para que quienes nos escuchan puedan disfrutar de una experiencia artística de oralidad, que suele implicar, entre otras cosas: visualizar lo dicho, emocionarse con las historias, reír con sus tramas y juegos de palabras, palpitar con el ritmo y la música de la prosodia y, sobre todo, compartir juntos un tiempo hondo e intensamente humano.
Por eso, admirados adultos que pensáis que es importante que vuestros vástagos o alumnado venga a escuchar cuentos, os recuerdo que es necesario que seáis vosotros, vosotras, quienes estéis pendientes de vuestras criaturas y veáis que están escuchando con atención y sin cansarse: y es que cada edad tiene un tiempo de escucha, tiempo que varía notablemente si han ejercitado o no con empeño el músculo de la atención. Porque igual que antes de correr un maratón es necesario hacer ejercicios y entrenar, antes de ir a escuchar cuentos es preciso ejercitarse en la escucha y la atención (cosa que en vez de sudores y calambres provoca gran placer).
Y para ello aquí va una suave tabla de ejercicios que espero os resulten de interés.
Hecho esto verás que poco a poco los niños, las niñas, irán ejercitando el músculo de la atención y cada vez será más placentero para ellos escuchar (tan importante para entender, para aprender, para conversar...) y, sobre todo, verás qué fiesta deliciosa será la próxima vez que nos encontremos alrededor de los cuentos contados.
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