Reportaje de Angélica Reinosa para el especial de lectura con motivo del Día del Libro que publicó El Mundo el viernes 17 de abril de 2026. En él hablamos sobre narración oral y animación a la lectura.

Tenéis el reportaje en este enlace a la web del periódico o debajo de la imagen.

Cuentacuentos público infantil pequeño

 

 

ARTES ESCÉNICAS

Cuentacuentos: 'películas' vivientes para despertar el amor por la lectura

Las historias contadas con la voz, el ritmo y la gestualidad siguen siendo una herramienta esencial para acercar los libros a los niños, con emoción y sin imposición.

 

De repente, tres palabras lo cambian todo en los niños: "Érase una vez". Los torsos se inclinan hacia adelante, los músculos se relajan, las pulsaciones bajan y la ilusión se dibuja en los rostros. Oídos atentos y miradas expectantes ante lo que está por suceder. "Estamos acostumbrados a que nos digan que los cuentos sirven para dormir, pero también sirven para despertar", cuenta -y nunca mejor dicho- el narrador oral Momi Ogalla al describir la atmósfera que se crea antes de que comience un relato. "Es un espacio único que abre un abanico maravilloso para la creación".

Captar la atención de la infancia en la era tecnológica tiene mérito. Pocos, como un buen contador de historias, presumen de ese poder. "Narrar y leer cuentos es para mí toda una revolución. Es una resistencia a la pantalla, a la inmediatez, a no ser capaces de prestar atención a algo largo, detallado y despacio", expone Paloma Balandis, narradora y pedagoga experta en infancia.

Los cuentacuentos pueden ser la puerta de entrada al universo de los libros. ¿A quién no le gusta que le cuenten una historia? En la infancia, con la imaginación intacta, todavía más. A través de la voz, el silencio, el gesto y la mirada, un narrador es capaz de convertir lo escrito en una experiencia compartida y emocionante. En ese encuentro, los pequeños no sólo escuchan una historia, sino que la viven mediante su capacidad inventiva. "La curiosidad y el entusiasmo propios de la infancia crecen sustancialmente cuando nos cuentan una historia", asegura la narradora Victoria Siedlecki, directora de la Escuela de Cuentacuentos.

"Escuchar cuentos es la puerta amorosa a ese mundo lleno de posibilidades que es la literatura. Nos prepara para ir con ganas, confianza y seguridad a ese encuentro con el libro", subraya Victoria. Con esta premisa coincide Pep Bruno, cuentacuentos y escritor de literatura infantil. "La narración oral despierta y fomenta el gusto por las historias y muscula la capacidad de ver en nuestra cabeza la película de lo que nos cuentan". Este cuentista, de hecho, recuerda que "el resurgir de la narración oral contemporánea tiene que ver con que ha sido considerada por los expertos como una de las actividades estrella de animación a la lectura".

Momi Ogalla, también experto en teatro social, ha confirmado el efecto de su narración de forma inmediata: "Cuando haces una sesión de cuentos, al terminar, esas criaturas van a la biblioteca y buscan libros". Aunque no siempre ese gusto se desarrolla automáticamente. "Nunca se sabe cuándo esa semilla va a brotar", aclara. Como ejemplo se pone a él mismo, en su versión (más) infantil. "De niño, un profesor nos puso Tiempos modernos, de Chaplin. A mí me llamó la atención esa forma de contar. Yo no sabía que esa iba a ser la semilla para que yo, más tarde, me dedicara a las artes escénicas".

"Escuchar cuentos enriquece el vocabulario, fomenta la escucha atenta, cultiva el imaginario y despierta la curiosidad"

Pep Bruno, escritor de literatura infantil y cuentacuentos.

Sin embargo, como señala Paloma, «hay niños y niñas que no están cómodos en esa escucha, a los que no les apetece leer o que se sienten más cómodos escuchando que leyendo». En esos casos, la pedagoga explica que "la clave para que la lectura sea algo amable es que no sea obligatoria", ya que la imposición deriva en rechazo.

Según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de 2024, el 82,5 % de los niños de seis a nueve años lee en su tiempo libre. No obstante, entre los 10 y 12 años empieza en muchos un descenso en el hábito lector. Pilar Serrano, profesora, narradora y escritora de literatura infantil, lo ha comprobado en clase. "En sexto de primaria, a los 12 años, perdemos muchos lectores", lamenta "Curiosamente, una forma de recuperarlos es con la narración oral". Y así lo ha constatado como responsable del fomento de la lectura en el colegio en el que trabaja. "Esto del amor por la lectura se nos apaga a veces, pero hay chispas con las que se recupera". Un buen cuentista tiene esa capacidad.

Los cuentacuentos triunfan entre el público infantil porque se desarrollan en un escenario donde los más pequeños son tomados en serio. "El niño siente que se abre un espacio pensado para la infancia, donde él importa", ahonda Paloma. "Cuando aparece alguien y dice: 'Érase una vez', los niños se sienten vistos, escuchados y saben que van a disfrutar... Es la oportunidad de vivir un montón de aventuras, de ponerse en la situación de diferentes personajes y de ver cómo resuelven sus conflictos".

La narración oral logra amplificar lo escrito. "La oralidad viene a sumar dimensiones a la lectura, nos convoca a un encuentro no sólo con la historia, sino con quien la cuenta, con su voz, sus formas, su punto de vista, su mundo emocional, y también con el de las personas que nos rodean y forman parte del encuentro", según describe la directora de la Escuela de Cuentacuentos. "Quien cuenta te está mirando a los ojos. Mirar al otro es tenerlo en cuenta, hacerlo partícipe de lo que está sucediendo, interpelarlo directamente... y también es atender a sus respuestas ante la narración. La narración oral no es un monólogo, es una suerte de diálogo entre quien cuenta y quien escucha", sintetiza Pep Bruno.

"La oralidad viene a sumar dimensiones a la lectura, nos convoca a un encuentro no sólo con la historia, sino con quien la cuenta"

Victoria Siedlecki, directora de la Escuela de Cuentacuentos.

Pilar equipara la oralidad con "hacer magia". "Un narrador aporta música, ritmo, movimiento, juego, folclore" y, sobre todo, "la pasión con la que describen los silencios, las pausas». Todo esto "le pone vida, sentimiento y emoción al relato. Puede hacer que, en una misma sesión, rías hasta que te duela la tripa y que incluso llores". Por si fuera poco, esta docente y escritora asevera que "la narración oral hace que te enamores del lenguaje". Con la palabra como vehículo, "a través de las descripciones del narrador, puedes atravesar mundos y entrar a un imaginario que para ti era desconocido".

Pocas actividades hay tan milenarias como la de escuchar o contar cuentos. "La evolución de la especie humana ha ido en paralelo a la evolución del lenguaje, y en ese proceso ha habido un protagonista indiscutible: las historias contadas", en palabras de Pep Bruno. A lo largo de los años, según explica este narrador y escritor, se ha constatado que "escuchar cuentos muscula las estructuras narrativas (fundamentales para la memoria y el aprendizaje), enriquece el vocabulario (amplía el mundo), fomenta la escucha atenta, cultiva el imaginario y la creatividad y despierta la curiosidad y el asombro".

Para Victoria, "nunca nada sustituirá ese rito ancestral y siempre necesario, que fue, es y será un acto lleno de poder y significado". El intercambio de historias fascinantes que se da en una sesión de cuentacuentos brinda la posibilidad de volver a la infancia. "Cada vez que contamos con público infantil, además de contarles a las criaturas, que son nuestro público y nuestra absoluta prioridad, también volvemos a contar a la niña o al niño que seguimos siendo".

La narración oral no está destinada exclusivamente para los pequeños que aún no saben leer. "No porque tu hijo o hija sepa leer quiere decir que ya nunca más se le puede leer en alto. Leer es un acto de amor, igual que la narración oral", expresa Paloma. Todos estos contadores de historias invitan a grandes y pequeños a dejarse atrapar por un relato bien contado, con emoción. "Decimos: 'Érase una vez', y la infancia se prepara para creer en la magia. Decimos: 'Érase una vez', y el mundo es un lugar habitable. Decimos: 'Érase una vez', y la vida se despliega luminosa y llena de posibilidades", finaliza Victoria. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.