El sábado 20 de septiembre estuve en Tejeda de Tiétar (Cáceres) contando el espectáculo "Viejos cuentos de nuevo" dentro de la programación de la décima edición de "Una Olla de Cuentos", el festival de narración oral y música popular que organiza Ringu Rango, la asociación de Garganta la Olla (Cáceres).
El lunes 22 de septiembre se publicó en Facebook esta amable y generosa crónica escrita por una periodista que vive en el municipio. Aquí tenéis el enlace directo a la publicación. En la transcripción que tenéis aquí he corregido alguna inexactitud que hay en el texto en FB.
HAY MUCHAS CLASES DE HUMOR
Hace dos días vino a Tejeda un cuentacuentos. Se trata de Pep Bruno, un narrador, con el espectáculo "Viejos cuentos de nuevo" que formaba parte del programa de la décima edición de "Una Olla de Cuentos", el festival de narración oral y música popular que organiza Ringu Rango, la asociación de Garganta la Olla (Cáceres), cuya finalidad es impulsar la vida cultural de los pueblos de la comarca (y van ya por su décima edición).
Asistí con tanta curiosidad como escasas expectativas, porque suele prevalecer la idea de que en los pueblos pequeños solo funciona el humor grueso y más o menos escatológico, pero mi sorpresa fue absoluta: me encontré con la más increíble muestra de humor con mayúsculas: puro humor; humor inteligente sin necesidad de recursos facilones; humor que podría calificarse de culto, pero perfectamente accesible a personas de todo tipo de formación…
El cuentacuentos, Pep Bruno, con un look que recordaba levemente al del cantante de “Los Mojinos Escocíos”, salió al escenario, se sentó en una silla y literalmente nos sedujo durante una hora y media con dos cuentos largos, más otro cortito. Dos cuentos que ambientaba en el siglo XIII, en los que jugaba con relatos de El Quijote y de El Decamerón y en los que demostraba que los clásicos, si se saben contar y actualizar, mantienen su inicial frescura en pleno siglo XXI. Y Pep Bruno sabe contar. Sabe narrar y también sabe actuar. Hay tal perfecta coordinación entre palabra y expresión corporal, entre gestos y elocuentes silencios, que pensé que quizás también era actor, pero más tarde él me dijo que no lo era.
Lo que más agradecí esa tarde fue ese baño en humor inteligente. Era deliciosa la ironía con que jugaba con las similitudes y diferencias de las costumbres de siglos tan diferentes, las delicadas sugerencias de lo explícito para no caer en la vulgaridad, y ese dominio de los conceptos para hacer reír sin recurrir al taco, la palabra malsonante o incluso a lo soez tan usual en la mayoría del humor actual. Para mi sorpresa, fue como encontrarme con la versión hispana del humor de esos grandes maestros argentinos que son Les Lutiers. Y no exagero. Si hubiera de limitarme a un concepto para definir el humor de Pep Bruno sería “inteligentemente elegante”.
El origen de Pep Bruno está en Guadalajara, pero se enamoró de Ahigal (Cáceres), donde vive, y desde 1994 ha recorrido España, África, América y Europa sacando historias de su repertorio y haciendo disfrutar a miles de afortunados. Como nosotros, que terminamos llorando literalmente de risa.
¿Podemos pedir un bis?
Por favor…













