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Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

Artículo publicado originalmente en la web de AEDA. Enlace directo aquí

 

En febrero de 2014 se celebrarán los veinte años del Viernes de los Cuentos, una programación estable y continuada que ha sido la lluvia fina, constante, vehemente, que ha calado de cuentos a una ciudad y a sus gentes y que se ha convertido en una de las programaciones de referencia en el panorama nacional.

En 1993, tras la celebración del segundo Maratón de los Cuentos de Guadalajara (que por primera vez se hizo en el Palacio del Infantado, más información aquí), los componentes del Seminario de Literatura Infanitl y Juvenil de Guadalajara se quedaron con hambre de cuentos y maquinaron una actividad que les podría nutrir de cuentos entre Maratón y Maratón, se trataba del Viernes de los Cuentos.

Un primer momento: comenzamos

Aquellos primeros Viernes de los Cuentos tenían un formato bien diferente al actual: se abría la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara a las 23,00 y allí acudía cualquiera que quisiera contar y escuchar cuentos. Para que el lugar resultara acogedor se cambiaba la disposición de la hemeroteca, colocando todos los sillones y butacas en círculo, se encendían velas, se hacía queimada y se llevaban algunos pastelillos para que la noche resultara más reconfortante. Y así eran aquellos viernes: gente sentada en círculo contando y escuchando cuentos. [Blanca Calvo habla de todo esto aquí].

Recuerdo perfectamente el primero de aquellos viernes pues mi mujer y yo asistimos como público y quedamos fascinados: gente contando y escuchando cuentos, disfrutando de la palabra. Tan fascinados que, sin proponérmelo, sin pensarlo, me puse en pie y conté mi primer cuento en público. Sin saber que ese gesto, ese momento, cambiaría para siempre mi vida que, desde entonces, transcurrió abrazada a los cuentos [de esto hablo con más detalle aquí].

El Seminario de Literatura Infantil y Juvenil era el grueso de los asistentes y contadores de aquellos primeros viernes, pero poco a poco la gente se fue sumando y los viernes fueron creciendo. Hubo temporadas que los viernes se celebraban cada quince días, o que se invitaba a venir a gente que estaba contando en Madrid. Y sucedió lo que a menudo ocurre en estas circunstancias: al final era mucha la gente para escuchar y poca para contar y lo que había empezado siendo un placer se estaba convirtiendo en una responsabilidad cada vez más exigente. Por eso hubo que reconsiderar el formato.

Un segundo momento: el Centro Cívico

No sabría decir la fecha exacta, pero calculo que en 1996, los Viernes de los Cuentos tenían ya demasiado público para el espacio habitual y, además, era preciso reconsiderar el modo de nutrir de nuevos cuentos al auditorio, por eso se tomaron dos decisiones que modificaron la propuesta inicial del Viernes de los Cuentos sin quebrar su espíritu:

  • Cambiar a un espacio diferente, con una disposición escénica más adecuada.
  • Y traer a narradores profesionales para que fueran ellos los encargados de contar.

Al hilo de este primer cambio hubo otro salto que, a la larga, también resultó beneficioso para la actividad. El salón de actos de la biblioteca (a la sazón en aquellos años en el Palacio del Infantado) resultaba demasiado grande y desangelado para realizar esta actividad, por eso se buscó otro salón de actos más pequeño que pudiera acoger estas sesiones de cuentos y, tras barajar distintas opciones, el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil trasladó el Viernes de los Cuentos al salón de actos del Centro Cívico (conocido como Edificio Negro), pequeño y coqueto, con un aforo adecuado a las expectativas de la actividad. De esta manera el Viernes crecía, pero también reafirmaba su vinculación con el Ayuntamiento de la ciudad que era y es el pagador, y gracias al cual esta actividad, de gran calidad, sigue siendo gratuita para los asistentes.

En este cambio modificó y consolidó la periodicidad (un viernes al mes) y la hora de realización (las nueve de la noche). Y también supuso su "profesionalización". Es por eso que la temporada 1996-97 es considerada, para la programación de El Viernes de los Cuentos, como la primera temporada (y no la cuarta, como debería ser si contáramos esta actividad desde sus inicios).

En aquellos tres o cuatro años pasaron figuras históricas muy relevantes dentro de la narración oral en España: Teresa Durán, Estrella Ortiz, Pello Añorga, Paco Abril... así como narradores que empezaban a contar en esos años de gran crecimiento del oficio en lugares como Madrid o Barcelona.

Un tercer momento: El IES Brianda de Mendoza

Sin embargo, y contrariamente a lo previsto, el Centro Cívico pronto se quedó pequeño. El éxito de los Maratones y el hambre cada vez mayor de cuentos en la ciudad hicieron que la actividad de los Viernes de los Cuentos tuviera más y más demanda. Hasta tal punto que en 1999 hubo que cambiar de espacio para la celebración de los Viernes. Ni siquiera el Teatro Moderno, con sus 200 butacas, podía satisfacer las necesidades de aforo, por eso, y tras barajar otras opciones, el Viernes de los Cuentos se trasladó al Salón de Actos del IES Brianda de Mendoza, muy cercano a la biblioteca y con un aforo mayor.

Durante muchos años, a lo largo de ocho viernes al año, vinieron narradores de muchos lugares (de España y de otros países) al Viernes de los Cuentos. Y siempre el aforo se completó, es más, en muchas ocasiones era habitual ver a público sentado en pasillos, escaleras... e incluso en los laterales del escenario. Admira esta continuada demanda de cuentos contados en Guadalajara. 

Son muchos, muchísimos los narradores y narradoras que han venido a contar a lo largo de esta etapa al Viernes de los Cuentos. Todos y todas quedamos impactados por el silencio atento, la escucha activa, la emoción intensa, íntima, de un público tan especial como es el de Guadalajara.

Actualmente: el CMI "Eduardo Guitián"

Y sigue creciendo. La demanda es es tal que, una vez más, el aforo se ha quedado pequeño y por eso en enero de 2013 el Viernes de los Cuentos se celebró por última vez en el Brianda de Mendoza y se trasladó, de nuevo, a otro espacio mayor, con un aforo de más de 400 butacas que, mes tras mes, siguen llenándose de público. 

El Viernes de los Cuentos es para los narradores y narradoras un lugar extraordinario para contar, una fiesta de la palabra continuada a la que asiste un público muy rico en cuentos, muy crítico, muy entregado, un público que valora y disfruta de la palabra dicha. Es el latido del corazón de un gigante que dormita todo el año (el Maratón de los Cuentos) pero que no deja de estar vivo y necesita seguir alimentándose, alimentándonos, de cuentos.

Asistir como público, contar como narrador, participar de esta celebración en Guadalajara es, siempre, una experiencia inolvidable. Y esta temporada, en febrero de 2014, celebraremos sus veinte años. Los veinte primeros.

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